Casa de veraneo en Vallarta - Parte I
Autor: Marie Sánchez
Por sí solo, Puerto Vallarta atrae a muchos visitantes y usualmente los cautiva rápidamente. Regresan una y otra vez para disfrutar de los restaurantes, galerías de arte, museos, cines, clubes nocturnos, actividades recreativas y de caridad (todas estas opciones de clase mundial), construyen amistades, se convierten en parte vital de organizaciones civiles y descubren pasatiempos. Después se van porque una parte de sus vidas yace en otro lado.
Ya sea por razones de trabajo, familiares o simplemente el clima, algunas personas deciden ir y venir. A pesar que no es simple como mantener una residencia, el veraneo ofrece lo mejor de dos o más mundos.
Cuando llega el retiro, consideramos a Vallarta para hacerlo nuestro hogar permanente. Nuestra mayor aventura fue comprar una embarcación y aprender a navegar en la Bahía de Banderas, una de las mejores del mundo. Era divertido pasear en los muelles y hablar con personas que han estado viviendo en sus botes por años. Fue emocionante llevar a nuestros amigos al agua y demostrarles nuestras nuevas habilidades. Y claro, uno de los mejores días fue cuando vendimos el bote.
Una de las actividades favoritas es pasar una apacible tarde enfrente de alguno de los numerosos restaurantes en Playa Los Muertos. No hay nada mejor que ver una banda local tocando mientras bebes café y las estrellas brillan encima de tu cabeza y las olas rompen suavemente en el fondo.
Sin embargo; durante el primer verano que pasamos en Vallarta, además de estar lejos de la familia, la humedad nos apabulló. Hicimos largos viajes para visitar amigos en lugares más secos. Creo que nos hemos convertido en aves de monzón.
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