Mikki Prost: Una instructora de yoga y mujer del Renacimiento
Autor: Alex Gómez
Una buena amiga mía originaria de Vallarta, me comentó de las clases de yoga de Mikki Prost. Puesto que había tomado un curso de diez semanas de yoga a los diecisiete años en Canadá, estaba lo suficientemente familiarizado como para volver a estar interesado y querer practicarlo de nuevo, sobre todo después de algunos años de entrenamiento lúgubre con pesas y otros tipos de ejercicios.
Mikki enseñaba yoga Iyengar, el cual a pesar de ser un estilo de yoga relativamente suave, es muy dinámico y preciso. Había alrededor de 20 estudiantes en su clase en las instalaciones del Club Internacional de la Amistad en el edificio de la Universidad Guadalajara, al lado del banco en la calle Libertad. Mikki era muy consciente acerca de cómo ajustar y corregir nuestras posturas.
Ella corregía las posturas sutilmente al punto de que, aunque a mí me incomoda ser tocado por otras personas, apenas me daba cuenta cuando ella me corregía. Me acostumbré a tener a Mikki Prost a mi lado hasta por un minuto, sus manos expertas me guiaban, así como lo hacían con todos los demás en la clase sin romper el ritmo. De esta manera, se las arreglaba para sincronizarnos para que pudiéramos hacer su especialidad: Una clase en un silencio absoluto, o la meditación en movimiento.
Mikki se había formado como bailarina desde los cuatro años. Ya siendo adulta, una vez, cuando vivía en San Francisco, California, se cayó por unas escaleras y se lesionó la espalda baja terriblemente. Ella me dijo que nada le eliminaba el dolor, ni siquiera pastillas para el dolor o relajantes musculares, tampoco masajes o asistir a quiroprácticos. Un día, una amiga le sugirió que intentara hacer yoga. Así que al ser una persona que no inicia algo que no puede terminar, Mikki se inscribió a clases en el Instituto de Iyengar de San Francisco y continuó hasta que se graduó completamente libre de dolor y como instructora certificada.
Ella también decidió que no estaría tranquila sino hasta que pudiera ser capaz de hacer que otras personas con dolores crónicos se sintieran mejor.
Junto con su marido tomó un viaje en crucero y llego a Puerto Vallarta. Algo en este lugar los atrajo como un imán gigantesco, como si fuesen piezas de metal, así que se quedaron a vivir aquí en el año 1990. Ella claramente recuerda los caminos de tierra a lo largo de la Marina, y al propietario de los Tacos Marisma, quien tenía su puesto en el centro de un campo abierto no desarrollado.
Ella admitió que para convencer a la gente de hacer yoga, primero ofreció clases de calistenia, siendo únicamente un tercio de esta realmente clase de yoga. Poco tiempo después, sus estudiantes querían más yoga y menos calistenia, así que al instintivamente saber cómo complacer a una audiencia (más sobre esto en un momento), les dio lo que querían: Una fantástica clase de yoga.
A la fecha, ella sigue enseñando a pesar de tener una agenda muy apretada: Mikki es ahora una actriz y cantante, y propietaria de la tienda Boutique Encore (en Lázaro Cárdenas #548).
Sus clases de yoga tienen lugar en la azotea del edificio Vista del Sol, en el cruce de las calles Aquiles Serdán y Océano Pacífico, a las 9:00am. Ella viaja a los Estados Unidos del 12 de Abril al 1 de Noviembre.
Mikki me pidió que les mencionara a los interesados en comenzar un grupo de clases de yoga que deseen que ella lo dirija, que la contacten a mikkiprostconsignementqueen@gmail.com.
Su último trabajo, "Un tributo a Patsy Cline," cuenta la historia de Patsy cantando y contando anécdotas extraídas de la correspondencia de toda la vida con un amigo. Durante el tiempo que apareció en la obra, "Siempre Patsy Cline," ella trabajó muy de cerca con la mujer que fue la líder en el espectáculo, la cual eventualmente le aconsejó que se hiciera cargo después de su regreso al Norte (hasta los Territorios del Noroeste de Canadá). Mikki lo hizo y descubrió una nueva carrera: Ser una cantante.
Siempre estaré agradecido con Mikki por entrenarme personalmente y compartir algunas de sus clases designadas conmigo. Mikki piensa que los instructores de yoga deben mantener sus precios al alcance de todos, ya que su objetivo debe ser que la mayor cantidad de gente pueda hacer yoga y también el ayudar a las personas desinteresadamente para poder cumplir con su espíritu original. Yo estoy de acuerdo con eso.
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