La Iglesia de Guadalupe, ícono que distingue Puerto Vallarta

La Iglesia de Guadalupe, ícono que distingue Puerto Vallarta

Fideicomiso de Turismo de Puerto Vallarta
1 Junio 2014

Sin duda alguna, la Iglesia de Guadalupe se pude considerar uno de los atractivos turísticos más visitados de Puerto Vallarta, además de ser un icono importante de nuestro destino a nivel mundial.

La mayoría de los turistas que visitan nuestra ciudad, tienen como punto de parada obligada la Iglesia de Guadalupe; para tomarse fotos, entrar a escuchar misa, comprar figuras religiosas y también poder disfrutar de típicos antojitos mexicanos que se venden a las afueras del recinto. 

La historia de Puerto Vallarta difícilmente se podría entender sin la iglesia, pues la mayoría de los habitantes en Vallarta tenemos una fuerte devoción por la virgen de Guadalupe y la edificación de este templo, es uno de los sentimientos de orgullo más arraigados en nuestra sociedad, ya que el mismo pueblo poco a poco lo fue construyendo con sus propias manos. La construcción de la iglesia se hizo sin arquitecto, así que la gente cada vez que podía iba y ponía piedras pegándolas con cal, de esa manera se terminó la primera parte de la iglesia (la entrada y los costados).

El comienzo y algunos personajes:

La edificación de la iglesia se remonta hace 122 años (1889), en sus inicios, el templo básicamente era una casa, no contaba con piso, era de tierra, no había bancas, la gente se sentaba en vigas, las ventanas estaban cubiertas por petates y el área del altar era demasiado pequeña.

El patrono del templo es San José, pero al momento de hacer el registro se hizo como la Iglesia de Guadalupe.

María Estanislao Gómez Valerio, mejor conocida como Doña “Lao”, tuvo demasiada colaboración con la construcción de la iglesia. Ella llegó a Vallarta a inicios de los años 30’s procedente de Talpa de Allende, Jalisco. Con sólo ocho años empezó a trabajar con el sacerdote Parra (pilar principal de la construcción de la iglesia) ganando cinco pesos al mes.

Con el tiempo, Doña Lao puso un comedor donde vendía pozole, raspadas, tamales; agua de coco a un centavo el vaso. También preparaba cocada y cajeta de camote morado; ocasionalmente realizaba rifas. El dinero que recibía gracias a la venta de comida, lo ahorraba y con eso fue comprando metros cuadrados de ladrillo, que en ese entonces costaba cinco pesos. Con el tiempo, el piso de la iglesia también se fue terminando. El siguiente paso fue ponerle ventanas y mandar a hacer bancas.

Con el trabajo del pueblo y personas como Doña “Lao” la iglesia de Guadalupe comenzó a escribir su propia historia en Puerto Vallarta, dejando una estela de ricas tradiciones y buenas costumbres que hasta el día de hoy podemos compartir con nuestros hijos y todos ustedes que nos visitan en cada oportunidad que tienen.