Vallarta Cobra Vida en el Verano

Vallarta Cobra Vida en el Verano

Fideicomiso de Turismo de Puerto Vallarta
10 Agosto 2013
En la temporada de lluvias, las características climáticas y geográficas de Puerto Vallarta hacen que la naturaleza muestre su rostro más activo, el más festivo.
  

La Sierra Madre Occidental, cadena montañosa que corre por la parte del Pacífico mexicano, cobija con maternal cuidado la Bahía de Banderas, permite que la biodiversidad encuentre las condiciones apropiadas para su desarrollo en rítmico proceso durante el año; con su máxima expresión en el verano, la de vida en nacimiento; la primavera es la etapa de la fecundación; el otoño, de crecimiento; el invierno, fin y renovación.

Lo primero que aparece en el verano es el agua, que se traduce en abundancia, alegría, plenitud, esperanza y belleza.

Verano, término que viene del latín “veranum tempus”, significa ‘tiempo primaveral’. En Puerto Vallarta, verano quiere decir ‘vida’. No se requiere de ningún diccionario o estudio científico, sólo hay que mirar alrededor para encontrar los brotes en los 724 diferentes arbustos y árboles, el vuelo de miles de mariposas, escuchar el canto alegre de las más de 428 diferentes aves para saber que ya llegó. Cierto, las montañas de la Sierra Madre Occidental lucen más verdes, pero en estricto sentido nunca abandonan el tono por completo; de hecho, el 70 por ciento de su selva media alta subcaducifolia es la razón por la que nunca se muestra seca.

Considerado el tercer puerto en importancia en México y la segunda zona económica de Jalisco, en verano, Vallarta se distingue por la presencia inminente de la naturaleza. Ahí sigue la actividad nocturna, los buenos restaurantes y hermosas playas, pero en verdad lo que destaca es la fuerza con que se muestra la biodiversidad, la contundencia con que aparece su privilegiada ubicación: un remanse que se forma justo en la Bahía de Banderas, caldo de cultivo para que la vida, en su máxima expresión, transforme el paisaje.

Eficiente baño

El sistema de riego del Pacífico mexicano se conforma con el viento cálido del Ecuador y el frío del Norte, que al encontrarse en la zona del Istmo de Tehuantepec se dan las condiciones necesarias para su condensación. Se trata de un sistema de irrigación que se desplaza hacia el norte del Pacífico, y que baña partes del centro de México. Lo mismo sucede del lado del Atlántico, con la Sierra Madre Oriental. Madres al fin, controlan por dónde van las aguas, de la manera más eficiente. Los ríos son las venas que transportan la vida.

El pálpito

Los seres más pequeños saben que en el verano viene la abundancia de alimento. Los huevecillos de millones de insectos eclosionan, y comienza su efímero andar por la vida. Un ejemplo en forma de gusano, atado a la tierra, alimentándose de hojas de la planta que más te gusta de tu jardín, una vez satisfecho su apetito se guarda así mismo para convertirse en una mariposa, que pronto surca los aires.

Las ranas, tan conocidas por todos, después de dormir desde el verano anterior en su refugio, con las primeras lluvias emergen para su cita romántica inicial, se ponen de acuerdo mediante el canto nocturno que logra desesperar a más de un vecino. A la reunión acordada, asisten hembras y machos, y empieza la fiesta de la fecundidad. El resultado son miles de renacuajos que arrancan su desarrollo. Se hacen ranas, e invernan para salir el próximo verano.

Otro caso para ilustrar: la hembra del cocodrilo sabe muy bien cuándo y dónde poner sus huevos. Cuándo, antes de que el agua de río alcance cierto nivel, y que tenga la perfecta combinación salina que provee una marea alta de la bahía. Y dónde, en los márgenes, con arena y humedad necesaria. Después de unos 40 días, resulta en el hogar ideal de los bebés.

Ahora pasamos a los que tienen alas. Los patos pichichis, familiares en la zona, son especiales porque son aves diurnas que pueden volar en la noche. Anidan en las copas de las palmeras antes de que comiencen las lluvias, y con las primeras represas, los patitos saben que llegó la hora de pegar el brinco. Esto es literal: caída libre de 25 metros de altura; la madre ya está abajo alentándolos a lo que pareciera un salto mortal, para guiarlos rumbo a una laguna.

El venado cola blanca (alias Bambi), habitante de la parte más profunda de la Sierra, también inicia su ciclo de vida al llamado de las tormentas; es concebido previo la temporada de lluvias, con lo que se garantiza el alimento en la primera etapa de crecimiento, de suma importancia como cualquier otro mamífero. 

Lo verde

Todos los árboles y arbustos de la zona lucen llenos de brotes. Una historia de amor muy especial es la de la higuera; tiene cosechas alternas, para así garantizar el alimento a variadas especies y su propia pervivencia durante todo el año. Antes del fruto, aparecen las flores, que en tiempo de estío viajan con los vientos. Las palmeras a su vez, en el suave y cadencioso baile, seducen a la semilla que se acomoda en lo alto, donde siempre hay humedad. Ahí germina, chiquita, inocente, y tiende delgadas raíces hasta tocar tierra. Con el paso del tiempo, las raíces se fortalecen, engordan, abrazan el tronco de quien les permitió desarrollarse, para luego estrangularlo. Abundan  esos extraños ejemplares que lucen un troco medio blanco, lleno de ramas y follaje, copeteados con una palmera seca. Es el ciclo de la renovación. Así lo manda la naturaleza, y la Sierra Madre y el Océano Pacífico de Bahía de Banderas siguen las reglas.